martes, 24 de julio de 2007

Cualquier mañana en los cerros de Lima

La Palabra Ingenua 24/07/2007
Por runa, comunidad del río hablador __________________________________________

Cualquier mañana en los cerros de Lima
Un homenaje con motivo de las fiestas llamadas “patrias”

Esta historia comienza un domingo por la mañana en la plaza de armas de Juan Pablo II, en San Juan de Lurigancho. Nos da la bienvenida una voz ronca a través de los altoparlantes: “se invita a toda la comunidad a participar del desfile con motivo de Fiestas Patrias”. Mientras los parroquianos se aglomeran alrededor del estrado, los escolares improvisan un ensayo luego de casi dos semanas sin clases y por lo tanto sin marchar, a causa de la huelga del SUTEP. En la puerta de la posta nos reunimos Demetrio, Wantar, Nori, Marlene, César y yo para iniciar el recorrido por los pueblos de las alturas. César se excusa: él está bajando luego de hacer un recorrido similar desde más temprano, para convocar a los vecinos a alguna de las muchas reuniones en las que anda metido.

Empezamos a subir con dirección al asentamiento humano “Keiko Sofía” utilizando la calle que se encuentra sobre un enorme muro de contención construido a través del programa “A trabajar urbano”. Luego atravesamos un enredado sistema de escaleras y puentes amarillos y azules, “solidarios”, colocados por la Municipalidad de Lima gracias a la gestión de Castañeda, como nos lo advierten todos los escalones. Sí pues, la política y la politiquería están presentes en cada esquina. Pero cuando se acaba la infraestructura proselitista, a trepar nomás: delgados caminitos que van subiendo y subiendo al costado de las pendientes, de las casas, de las quebradas. Siempre hay un pueblo más arriba, siempre hay un lote más, siempre hay una nueva agrupación de familias buscando dónde vivir.

A lo largo de todo el recorrido descubrimos un trabajo frenético e incesante. Por aquí el muro para evitar los derrumbes, tan comunes en esta zona. Por acá la escalera, hecha con o sin apoyo técnico: escalones grandes y pequeños, gruesos y delgados, de cemento o de piedra... Por allá el agua y el desagüe: las zanjas, la ubicación de los tubos, la discusión con los trabajadores de SEDAPAL. En este pueblo, la Asamblea para decidir qué hacer con las trabas de siempre en los trámites de titulación o de servicios, o con problemas internos de la comunidad. En el otro, están retirando una choza como sanción a la familia propietaria, que en realidad no vive en el barrio y no participa de las tareas comunales. Porque ojo, este trabajo de hormiga es comunitario: hombres y mujeres, familias nuevas y antiguas, dirigentes o no, todos tienen que meter mano. No importa que salgas a buscar el diario de lunes a viernes de 7 a.m. a 10 p.m., o que el sábado por la mañana hayas tenido un taller o una reunión de la APAFA y que, en la noche, se haya celebrado la fiesta de algún santo patrono o el aniversario de un pueblo. De buena o de mala gana, resaqueados o no, todos están el domingo a primera hora en la Asamblea y en la chamba. En la tarde, unas cervezas y una pichanguita para terminar bien la semana.

Y el trabajo, ¡cómo le va cambiando la cara al barrio! Pasamos por un pueblo donde habíamos estado hace algunos meses. Antes, el camino estaba al borde de una pendiente muy brusca y era muy fácil caerse a las casas de abajo. Como bromea Mariluz, que ahora nos acompaña: “¡vecino, tenga cuidado que voy a caer en su cocina!”. Hoy día, esa estrecha calle se ha convertido en un amplio corredor, y por allí van a pasar los tubos de agua y desagüe. La misma gente va convirtiendo cerros pelados y difíciles en zonas habilitadas para vivir.

De cal y de arena, cómo no. De bajada nos cruzamos con dos vecinos que regresaban borrachísimos de sabe dios cuánta celebración. Era casi mediodía, y ellos trepaban a tientas unos caminos inverosímiles, cogiéndose como podían de lo que podían. Luego encontramos a todo un barrio mirando impotente tremendo rollo familiar. La mamá, ebria, había atacado con un cuchillo a su hijo, quien había corrido a buscar el auxilio de su papá y lo había encontrado también ebrio e incapaz de responder. Más allá vi cómo dos chicos nos observaban atentamente, con un arma en las manos y con cara de pocos amigos. Pero como éramos varios, no había peligro alguno. En otro pueblo, una dura discusión entre vecinos acerca de la construcción de un muro y cierta plata que se había gastado de manera poco transparente.

Pero problemas, al fin y al cabo, “siempre nunca faltan”, como dicen. Y es precisamente la gente organizada la que va construyendo las soluciones. Una vecina gestiona un centro de apoyo y refugio para mediar en los casos de violencia familiar. Otro se ha integrado a una Iglesia evangélica y dedica un día a la semana para ir de pueblo en pueblo, Biblia en mano, y conversar con chicos jóvenes para prevenirles contra el alcoholismo y la violencia, que no son sino maneras de escapar a condiciones de vida tan duras. Y en todas partes los pobladores están moscas y exigen a sus dirigentes, elegidos y revocados una y otra vez, que muestren las cuentas claras y que no haya anticuchos ni negocios turbios en nombre de su pobreza.

¿Dónde están los peruanos indolentes, acostumbrados al paternalismo, que solo quieren recibir “obras” de un caudillo carismático? ¿Dónde los que se quedan sentados “esperando un Inca”? ¿Dónde están los peruanos “flojos”, de los que tanto se habla? ¿Dónde están los peruanos que no quieren “progresar” y que son “enemigos” del cambio? Por favor, si conocen a alguno, les ruego que me lo presenten. Lo que yo veo cada vez que subo a los cerros es un pueblo en ebullición, transformando su realidad a punta de trabajo. Sirva este breve testimonio como un homenaje a quienes están construyendo el Perú desde su vida y sacrificio cotidianos. No son los desfiles de los militares o los discursos de los grandes políticos los que merecen ser celebrados en estas fiestas patrias: son estos peruanos sencillos, progresistas, ambiciosos, solidarios y listos para trabajar de manera colectiva y regalarle un mejor país a sus hijos.
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Nota: el documento original ha sido elaborado con OpenOffice.org Writer como procesador de textos. Utilice y difunda software libre: ¡No al monopolio corporativo de Microsoft y compañía!

2 comentarios:

Laura Arroyo Gárate dijo...

Válido Runa. A estos trabajadores silenciosos se debe rendir homenaje en estas fiestas patrias. No con aplausos o abrazos, o discursos vacíos, a los cuales responden con las acciones que has mencionado, sino con propuestas concretas que les brinden esperanza y feliciten su proactividad. Cada uno de ellos "vale un Perú".

natali dijo...

Este es el artículo que má me ha gustado,tienes razón joven runa mucho tildan a los peruanos de ociosos y de irresponsables y que por ende no hay progreso sin embargo cuando uno recorre las calles de lima, las comunidades de la sierra y de la selva,uno ve la realidad y ve al pueblo (campesinos,obreros,mineros,agricultores,empleados publicos,etc) trabajando,con gnas de salir adelante, en fin muy buen artículo,me lo ha conmovido
cariños
Ninarimachik

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